El consumo de alcohol está altamente normalizado en la sociedad española, también en Extremadura, y sigue presente entre personas menores de edad pese a su impacto negativo demostrado en la salud. El inicio temprano aumenta de forma significativa el riesgo de dependencia, empeora los resultados académicos, eleva las conductas de riesgo (incluidas las sexuales sin protección) y multiplica la probabilidad de lesiones, violencia, autolesiones y daño neurológico. El alcohol durante el embarazo puede provocar TEAF, alteraciones permanentes y de difícil diagnóstico.
Aunque la prevalencia de consumo declarado entre adolescentes desciende, aumenta el consumo grupal y los episodios de consumo intensivo, lo que consolida patrones de “binge drinking” desde edades muy tempranas. En España, el alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida entre estudiantes de 14 a 18 años, con edades de inicio en torno a 14-15 años y con una alta percepción de accesibilidad (93 %). Esta baja percepción de riesgo contrasta con el impacto real sobre la salud a lo largo del curso vital.
Los entornos sociales, urbanos, comerciales y culturales actúan como determinantes y amplificadores del consumo: densidad de puntos de venta, horarios, marketing, precios, hábitos sociales, estatus socioeconómico, género, nivel educativo o lugar de residencia. En la población adulta, el efecto del alcohol se intensifica por cambios fisiológicos y la interacción con medicación habitual, incrementando riesgos físicos, neurológicos, emocionales y sociales.
Por ello, prevenir el consumo en menores y reducir la exposición a lo largo de la vida tiene beneficios clínicos, sociales y comunitarios. Las intervenciones deben incorporar el gradiente social y priorizar equidad para no incrementar desigualdades. Un eje estratégico para lograrlo es la formación.
En este contexto, FALREX —una Federación formada mayoritariamente por personas rehabilitadas y familiares— identifica la necesidad de profesionalizar la coordinación de programas y servicios sin renunciar a la experiencia vivida, que constituye su principal valor diferencial. Actualmente no existe una formación específica que habilite para coordinar equipos y recursos en adicciones, lo que limita el potencial organizativo y la sostenibilidad de las asociaciones.
En síntesis, este curso transforma la experiencia en adicción en una competencia profesional, fortalece la estructura del movimiento asociativo, y contribuye a reducir daños y a mejorar salud pública desde un enfoque comunitario, equitativo y sostenible.
- Profesor: Falrex Falrex